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El coaching, claro y el chocolate, espeso.

  • Foto del escritor: Concha Estremera
    Concha Estremera
  • 14 feb 2018
  • 3 Min. de lectura

Hace unos días, periódicos de tirada nacional como El Mundo o el País, agencias de noticias como Europa Press o cadenas de televisión como Antena 3, hablaban en grandes titulares de los problemas de “un foro de coaching” al que tachaban directamente de estafa, en algunos casos.


No voy a entrar a hablar de lo que pasó en el Being One Forum (que así se llamaba el evento al que querían referirse estos medios), porque entre otras cosas, no asistí, pero me siento en la obligación de dejar bien claro que ese foro no era, en absoluto, sobre coaching. Ni había coaches dando ninguna ponencia, ni había charlas que hablaran de coaching. No estoy diciendo que los temas que se trataban en estas conferencias sean mejores o peores que el coaching, sino que, sencillamente son otra cosa.


En Twitter, al hilo de los erróneos titulares, muchos aprovecharon para calificar el coaching de “pseudociencia” o de “estafa”. Otros, lo consideran una “filosofía de vida con tintes de secta”. Dicen que no es válido como terapia. Que promete curar enfermedades físicas y mentales.


Cuando empecé a interesarme por esta profesión, no faltó en mi entorno quien me mirara con cara rara. Algunos me imaginaban hasta con una bola de cristal con mis clientes. He escuchado de todo al respecto y casi todo es falso. Así que estoy escribiendo esto para ver si, con suerte, logro explicar bien qué es el coaching, para qué sirve y, sobre todo, cómo lo utilizo yo.


NO ES UNA PSEUDOCIENCIA. NI UNA CIENCIA.

En un proceso de coaching no hay absolutamente nada místico, ni mágico, ni esotérico. Ni bolas de cristal, ni cartas del Tarot. Nadie va a adivinar tu futuro, ni tu pasado, ni tu presente.


Si tienes una enfermedad o te duele algo, vete al médico. Si tienes una depresión o ansiedad, o un trauma, ve a un psicólogo o a un psiquiatra. Los coaches no curamos NADA.


El coaching solo sirve para individuos sanos, en sus plenas facultades mentales, que tengan un objetivo en mente.


El coaching nació en el deporte (en el tenis, concretamente) y creció en las grandes empresas. Dos ámbitos que poco tienen que ver con las pseudociencias. Casi todos los deportistas, empresarios y políticos de élite han tenido un coach.


UN COACH NO TE SOLUCIONA LA VIDA.

¡Ojalá fuera así! El coach no soluciona nada, ni aconseja, ni opina, ni llora contigo. El coach te ayuda a escucharte, a que ordenes (tú, no él) tus ideas, a que encuentres otras opciones para llegar a tu objetivo, a que diseñes un plan de acción para conseguir lo que te estés proponiendo. Pero ni te dará esas opciones, ni te diseñará el plan de acción, ni te asegurará que lo vas a conseguir. Te va ayudar a que te oigas, te observes, saques conclusiones, te des cuenta de lo que dices, de cómo lo dices, de lo que haces y de cómo lo haces. Te va ayudar, a través de preguntas, a que encuentres respuestas diferentes, las tuyas propias. Si un coach te manipula, te dirige en tus respuestas, igual que lo haría un vidente, aléjate porque no es un coach de verdad.


NO ES UN “SACACUARTOS”.

Un proceso de coaching debe tener un precio cerrado, del que el cliente es informado en la primera toma de contacto. El coach debe darte el precio exacto por sesión o por proceso. El tema del dinero debe estar muy claro desde el principio, SIN SORPRESAS. Si tu coach no es claro en este aspecto, HUYE.


NO TE PUEDES ENGANCHAR AL COACHING.

Los procesos tienen un principio y un fin, que es pactado desde el principio con el cliente. Precisamente, un proceso es efectivo si no se prolonga en exceso. Lo normal es que ronde entre las 6 y las 8 sesiones. Más de diez… no es habitual, pero hay procesos que resultan exitosos con 3 sesiones.


NO TODO EL MUNDO NECESITA COACHING.

Para iniciar un proceso de coaching es indispensable QUERER. Sin compromiso y voluntad, no sirve para nada.


Además, no todo el mundo quiere cambiar, ni está en el momento adecuado para modificar sus hábitos. Puede que a ti o a mí nos haya funcionado el coaching, pero no por eso debemos ir salvando a la humanidad de los problemas que creemos que tienen. Está bien que la gente sepa que hay herramientas para “conseguir su mejor versión”, pero todo tiene su momento y ese momento siempre lo va a decidir el cliente.

En estos días en los que tendemos a meter todo en el mismo saco, creo que es necesario dejar claras cuáles son las diferencias entre el coaching y lo que simplemente, no es coaching.

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Concha Estremera

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