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Año nuevo, intento nuevo. O cómo cumplir de una vez por todas lo que te propones.

  • Foto del escritor: Concha Estremera
    Concha Estremera
  • 14 feb 2018
  • 4 Min. de lectura

El comienzo del año y la vuelta de las vacaciones de verano son temporada alta de "me voy a apuntar a" / "esta vez sí que sí" / "voy a hacer blablabla". Pero lo cierto es que, en la mayoría de las ocasiones, sucede lo que decía Lina Morgan: mucho lalala y poco lilili.


Llega el 1 de enero y sabemos menos inglés que el año anterior, pesamos un poco más y en el gimnasio ni estamos ni se nos espera. A veces, somos tan informales con nuestros propios propósitos que quizás, si prometiéramos no cuidarnos nada en los próximos doce meses, acabaríamos siendo vigoréxicos.


Pero todo en esta vida tiene su intríngulis, su secretillo. Si la madre naturaleza no te concedió el don de una férrea fuerza de voluntad y una inclinación natural a la disciplina, hay trucos para conseguir aquello que (realmente) deseas.


Y digo lo de "realmente" porque ahí está al menos un quid de la cuestión. ¿Qué necesidad tienes de hacer algo que "realmente" no quieres? En serio. ¿De verdad quieres pesar 15 kilos menos? ¿De verdad dominar la lengua inglesa es lo que deseas? ¿De verdad quieres ir al gimnasio con regularidad? ¿De verdad de la buena?


Pues mira, ya te digo yo que no. Porque si así fuera ya lo habrías logrado, igual que has logrado tantas otras cosas sin tanto esfuerzo y tanta promesa. Y aceptando esto es como se empiezan a lograr cosas. Vamos por pasos:


1.- La verdad sobre tus mentiras.

La mentira es que quieres perder 15 kilos. La verdad (o verdades) es que quieres aprovechar la ropa del armario que ya no te pones. O que quieres quererte y aceptarte más y mejor. O que quieres conservar el aliento a partir del cuarto escalón. O vete tú a saber qué, pero lo primero es encontrar cuál es tu verdad. Saber PARA QUÉ quieres perder esos kilos. O saber inglés. O levantarte una hora antes. ¿Qué ventajas esperas que te aporte ese objetivo?


Poner toda la energía en conseguir algo que en realidad no nos interesa, es un gasto bestial. Y un desgaste bestial. Así que empieza por buscar qué es lo que realmente quieres conseguir.


Otra verdad sobre tus mentiras puede ser que tu propósito en realidad no sea tuyo. Puede que responda a los deseos de algún ser querido, que espera de ti que ambiciones más cosas, que alcances SU peso ideal o que en definitiva vivas una vida que esa persona encuentre más razonable.


2.- A tu manera.

Una vez que conoces tu destino, tu verdadero propósito, el GPS te indicará el camino más lógico. O seguramente el más habitual, el que siempre has cogido. Es lo que ha pasado hasta ahora: una dieta, una academia, una app, convencer a alguien para que te obligue... lo que se te haya ocurrido. Pero es probable que existan otros caminos menos transitados para llegar al mismo sitio.


Ante tu objetivo, puede que exista otra manera de conseguirlo. A lo mejor hay maneras más lúdicas, menos dolorosas o más económicas de llegar a él. Coge un papelito o la tablet y apunta qué otras formas de cumplir con tu propósito existen, además de las que ya has probado o de las más típicas. No intentes lo de siempre, porque eso ya te ha fallado varias veces.


Y si solo hay una forma de lograr tu deseo, céntrate en para qué lo haces. No pierdas nunca de vista la verdadera razón por la que vas al gimnasio o a la academia, o a la sección de frutas y verduras.


3.- Obligado te veas.

Pues no, no te veas obligado/a. No lo estás. Es un propósito, un deseo, no una imposición. Es algo con lo que sueñas, algo que forma parte de tu felicidad. Así que la próxima vez que vayas a decir algo parecido a esto:


"TENGO QUE ir al gimnasio y NO PUEDO comerme esas patatas fritas PORQUE TENGO QUE perder 15 kilos COMO SEA porque NO HAY MANERA de que me valgan mis vaqueros favoritos", intenta mejor decir algo parecido a esto:


"VOY A hacer ejercicio tres veces a la semana y PREFIERO comerme esos pepinillos PARA volver a ponerme mis vaqueros favoritos".


La cosa cambia. Es casi lo mismo, pero la segunda frase elimina todo ese dolor y angustia de vivir que transmite la primera frase. Y si no lo dices, no lo sientes. La segunda frase es más relajadita, más serena, menos dramática y por lo tanto, más fácil de cumplir.


4.- Y tú ¿para cuándo?

Concretemos fecha. No vale lo de "ya si eso un día de estos me pongo". ¿Cuándo vas a empezar? ¿Cuándo quieres haber logrado tu objetivo? Vamos, vamos, ¡decisión!

En definitiva... todos los propósitos que tengas para este año nuevo quieres cumplirlos, con total seguridad, para ser feliz. En última instancia eso es lo que quieres. Todo lo que emprendes lo haces con esa intención, así que asegúrate de que el camino hacia esa felicidad no lo llenas de sufrimiento. Busca tu camino más fácil, más agradable y si no lo encuentras, no pierdas de vista la verdadera razón por la que estás caminando. Tu verdadera razón.

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