Cómo aguantarte a ti mismo.
- Concha Estremera

- 14 feb 2018
- 2 Min. de lectura
Si en ocasiones sientes que no te aguantas… enhorabuena. Quiere decir que tienes consciencia de ti mismo. Es decir, hay una parte de ti que no aguanta a la otra y ahí es donde está la buena noticia: ambas partes pueden convivir en armonía y aguantarse mutuamente con agrado. ¿Cómo? Pues poniendo de tu parte (de la que sea). Y aquí van algunas pistas:

1.- No seas borde.
Si eres tan borde, ¿cómo vas a aguantarte? Cometes un pequeño error y ya estás: “es que soy imbécil”. Si te pasas buena parte del día insultándote, no te caerás bien nunca. Así que gástate alguna bromita, dite las cosas con humor y échate unas risas contigo.
2.- Deja de decir chorradas.
Sí, sí, chorradas del tipo: “es que no me va a salir bien”, “es que yo no valgo para eso”, “es que me van a mirar mal”, “es que voy a hacer el ridículo”. Y son chorradas porque no sirven para nada y concretamente para nada bueno. Ese tipo de cosas sólo te protegen de supuestas amenazas y a cambio te ofrecen un fracaso seguro. No se trata de que te conviertas en un inconsciente y te lances a todo, sino de que no te digas cosas que te compliquen el disfrute.
3.- Haz caso a tus mayores.
Dentro de ti habitan personas de diferentes edades: tu yo adulto, tu yo padre y tu yo niño. Y el niño está guay, pero a veces se pone revoltoso, caprichoso y no se contenta con nada, así que ahí haz que tu yo adulto se imponga. Incluso, a veces tendrás que echar mano del yo padre. Muchas veces no nos aguantamos porque son dos de esas tres partes las que se enfrentan entre sí. Si alguno se impone en el momento inadecuado, ponle firme.
4.- Date alguna sorpresita.
Muchas veces nos aburrimos de nosotros mismos. Somos tan predecibles… Pero ¿y si un día decides darte una sorpresa y hacer algo que no te esperabas de ti? Romper la monotonía es bueno para la convivencia.
5.- Cállate y escucha.
Aquí tienes dos buenas opciones: o escucharte realmente cuando te hablas, observar lo que piensas y darte cuenta de lo que sientes o escuchar a alguien más. Si optas por la primera opción, seguramente puedas corregir cosas que no te gustan.
Si optas por la segunda, descubrirás lo liberador que es poner el foco en otra persona. Escucharle de verdad, mirarle de verdad. En ese momento es imposible que no te aguantes, porque todas las partes que te componen estarán centradas en el otro y te olvidarás de tus quejas, tus hastíos y tus pataletas. Nada más sano que salir de uno mismo para aguantarse con gusto.






Comentarios