Tengo razón, y lo sabes
- Concha Estremera

- 3 nov 2023
- 2 Min. de lectura
Una de las facetas más características de las relaciones humanas es la discusión. Ya sea en forma de debate templado, ya en forma, mucho más lamentable, de conflicto armado. Y de todos los niveles intermedios.

Los medios de comunicación y las redes sociales viven, en gran parte, de esta característica tan nuestra. ¿Qué sería de X (antes Twitter) o de Gran Hermano sin una buena bronca?
En definitiva, todos pelean por lo mismo: tener razón. Es la finalidad última de cualquier enfrentamiento: tener razón. Siempre que discutimos estamos deseando que alguien de repente, se desarme y diga: "tienes razón". Pero son tan pocas las veces que eso sucede... Y ¿por qué?
El quid de la cuestión es que nuestras opiniones, posturas, creencias, ideas, valores, etc. forman parte de nuestra identidad. Si reconocemos que éstas son erróneas, es como si reconociéramos que somos erróneos nosotros mismos. ¿Y quién quiere hacer eso?
Vemos la realidad desde nuestro exclusivo punto de vista. Y sí, es exclusivo porque cada uno de nosotros ha crecido en entornos familiares distintos, incluso ocupando puestos distintos dentro de un mismo entorno familiar. Tenemos capacidades distintas, habilidades distintas, vivencias distintas, corporalidades distintas, orígenes distintos. Todos y cada uno de nosotros. Y eso genera, inevitablemente, puntos de vista distintos.
Es lógico, por tanto, que pensemos que ese punto de vista nuestro es el correcto, porque nos es muy difícil verlo de otra forma. Esa opinión o valor, ha llegado a ser lo que es gracias a que la hemos comparado interna y minuciosamente con cada una de las cosas que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida. Admitir que es errónea o que no es la única correcta, nos parece admitir que todo en nosotros está equivocado.
Suena como muy dramático pero en el fondo es así.
¿Has cambiado alguna vez de opinión? ¿Le has dado la razón alguna vez a tu contrincante? Puede que al principio te haya dado rabia, hayas sentido hasta un poco de vergüenza y hasta es posible que a veces no le cuentes a nadie más que has cambiado de parecer. Pero en realidad, no ha pasado nada. Sigues siendo tú, sigues siendo la persona buena, de intenciones sanas, la persona que sólo quiere ser feliz.
Por eso, esa frase que me enseñó mi amigo Mariano Alameda, me impactó tanto: ¿Tú qué prefieres, ser feliz o tener razón? Muchas de nuestras infelicidades vienen de permanecer en una eterna lucha por tener razón. Gracias a esas luchas se han conseguido grandes cosas a lo largo de la Historia, pero es súper sano pararse a pensar cuándo esa lucha merece la pena por un bien mayor y cuándo sólo estamos intentando defender a nuestro ego.






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