top of page

¿Y cómo se supone que debo sentirme?

  • Foto del escritor: Concha Estremera
    Concha Estremera
  • 14 feb 2018
  • 3 Min. de lectura

En estos días, una vez más, las noticias nos están conmocionando a todos. Y ante ellas es habitual empezar a sentir un batiburrillo de emociones. Vamos del shock a la rabia, pasando por la tristeza, el miedo, la ira o la impotencia. Y muchas veces, sentimos todo eso a la vez y acabamos diciendo “no tengo palabras” o justo lo contrario, teniendo demasiadas palabras y arrepintiéndonos luego de haberlas soltado.


No sabemos ni qué sentir.



Seguramente es mucho pedirnos que según nos vayamos enterando de los hechos mantengamos la calma y la cordura. Si todos fuéramos capaces de hacerlo, otro gallo le cantaría a este mundo. Pero tenemos sangre en las venas y si esa sangre bulle con el calor del momento, cuesta templarla.


Para muchos es fácil gestionar esas emociones. Y entre a los que no les es tan fácil, hay personas a las que no les importa ni les entorpece sentirse mal por un rato. En cambio, hay gente más sensible o quien se pregunta por qué las noticias, sean cuales sean, pueden cambiar nuestro estado de ánimo, dificultarnos la comunicación con los demás y dominar nuestro carácter durante un tiempo.


Ni que decir tiene que, independientemente de cuál sea nuestra opinión, encontraremos en nuestra vida diaria a quienes piensen diferente y eso añade más inquietud a la situación, sobre todo cuando se dan discusiones con nuestros seres más queridos.


No somos santos ni tenemos por qué serlo, pero sí podemos ser mejores con nosotros mismos y saber cómo hacer que ciertas emociones no nos dominen y acaben por estropear nuestra tranquilidad y/o alguna relación.


Como no podemos esperar que sea el resto el que ponga de su parte, tendremos que ser nosotros mismos los que demos un pasito y estas son algunas de las cosas que puedes probar:


1.- Obsérvate. ¿Qué notas? ¿Sientes el corazón en la garganta? ¿Te sube calor por las mejillas? ¿Se te pone un nudo en el estómago? Sea cual sea la reacción de tu cuerpo, obsérvala, porque ese es el primer paso hacia una reacción física o verbal.


2.- Pregúntate qué te apetece decir o hacer. Y antes de decir o hacer, escucha o visualiza la escena. ¿Qué puede provocar? ¿Es realmente lo que quieres expresar? ¿Estás dispuesto a afrontar el resultado? Tus respuestas te servirán para tomar una decisión sopesada.


3.- ¿Qué necesitas? Si sientes rabia, pena, enfado, miedo ¿qué necesitas para calmar esa emoción? Habrá mil soluciones que no estén en tu mano, por supuesto, pero seguramente encontrarás alguna que dependa exclusivamente de ti.


4.- Acepta. Qué facil, ¿no? Claro que no. Aceptar las cosas es de lo más complicado, pero es importante distinguir lo que no podemos cambiar, lo que no está en nuestra mano, para aceptarlo. Que no es lo mismo que resignarse. La resignación conlleva rendición y la aceptación no tiene por qué. Aceptar nos da más energía para buscar soluciones que sí podamos poner en marcha.


Tienes derecho a enfadarte, a llorar, a sentir rabia, a expresarla. Es bueno que lo hagas. No creas a quien te dice que tienes que ser siempre positivo y tranquilo. Lo que no es tan bueno es que permitas que esa emoción te secuestre por completo, campe a sus anchas y te lleve a un malestar prolongado en el tiempo o dificulte tus relaciones.

No basta con dialogar. Hay que saber cómo hacerlo. Un diálogo sin control emocional son solamente dos monólogos.

Comentarios


BLOG

Concha Estremera

Coaching Personal para el Liderazgo Femenino

© 2023 por Concha Estremera
Creado con Wix.com

+34 636 956 874

hola@conchaestremera.com

Madrid (España)

bottom of page